martes, 7 de agosto de 2007

BAJO BELGRANO

El pueblo de Belgrano fundado en 1855 se convirtió en 1865 en Cabecera del Partido de Belgrano.

Para su mejor administración los partidos de Campaña eran divididos en Cuarteles.

El de Belgrano quedó conformado por 6 cuarteles de los cuales el 6° correspondió al "Bajo Belgrano", es decir al bañado que se hallaba al este de las vías del Ferrocarril del Norte -Hoy F. C. B. Mitre- hasta llegar al Río de la Plata.
Comprendido entre las actuales calles La Pampa y Blanco Encalada.

Sus comienzos fueron lentos. Era un cuartel que progresaba poco. Inundaciones y epidemias fueron un azote.

La instalación de industrias, primarias al comienzo, tuvieron un comienzo rápido. La población aumentó.

La apertura del Hipódromo Nacional y su actividad, nucleo a un grupo humano que, ubicado en sus adyacencias dio impulso notorio al "Bajo Belgrano".

La creación de la Parroquia Ntra. Sra de las Mercedes tuvo jurisdicción espiritual en el barrio.

Se crearon escuelas. Se abrieron y empedraron las calles del barrio...

EL PORTICO DEL BAJO

Hasta la Estación Belgrano C llegaba el río que golpeaba el terrapléeén del ferrocarril.
Luego se fueron ganando esas tierras por el sistema de "polders", o sea costa baja rellenada artificialmente como en Beélgica y Holanda.

Como entonces, aún hoy, la línea del ferrocarril confirma la material división, entre el "alto" y el "bajo".

Al decir de Hector Iñigo Carrara, la Est. Belgrano C era el "Pórtico del Bajo". Era el límite del contraste. De un lado, enfrente, el elegante Club Belgrano, exclusivo para socios, del otro lado de las vías, cuando se alzaban las barreras, se penetraba en otro mundo con su malevaje y sus guapos, donde se hacía "culto al coraje".

Para explicar este concepto recurro a lo expuesto por el Dr. Juan Agustín García en su obra "La Ciudad Indiana". Allí considera como móvil subyacente, como defecto del carácter nacional, un conjunto de sentimientos. Uno de ellos: "la conciencia de la futura grandeza del país" dado por sus dilatadas llanuras de horizontes amplios, ricas, pobladas de vacas de 30 y 40.000 cabezas, con lucrativas transacciones en cuero. Esto crea, poco a poco, en sus pobladores, un sentimiento de orgullo colectivo, director del juego mental.

Las riquezas naturales se explotan brutalmente, sin recelar por un instante el posible agotamiento.
Los pobladores estaban habituados al despilfarro y al desorden.

Otro de los sentimientos -según el Dr. Juan Agustín García- era "el desprecio por la ley".

Dado el poder económico del país se despreciaba la ley teórica, porque la ley había perdido su poder augusto, su aureola de justicia, imparcialidad y desinterées. En la práctica la teoría legal fue adulterada y falseada por la misma autoridad que la sancionaba. El negociante se habituó a violarla.

En ese mundo se mezclaban las ideas de lo bueno y lo malo. Por ejemplo, cuando a un gaucho le gustaba una mujer, la enganchaba en su caballo y se la llevaba. Los rodeos pertenecían a todos. El hombre levantaba su rancho donde quería.

De ahí que Juan Agustín García incorporó un 3° sentido:

"El culto al coraje", que dominó y presidió la evolución política no sólo en los siglos XVII y XVII. Llegó a su apogeo absorbiendo todas las fuerzas activas del país en el 1ra.mitad del XIX.

El "culto al coraje" de fundaba
- en el valor personal,
- en el desprecio heroico y teatral de la vida y la
- exageración enfermiza de la susceptibilidad.

La mejor manera de definir sus pleitos era con el cuchillo en su total "desprecio por la ley".

Era en el "Bajo Belgrano" donde los guapos dirimían sus pleitos a cuchillo. "Su esgrima del facón" deslumbró y por ello muchas veces impidió equilatar, comprender, abarcar las circunstancias que exigieron tal destreza, así como su abusivo o su uso simplemente vital, dice Exequiel Ortega en "Historia de Buenos Aires".

Pero eso era entre ellos. A veces los hechos no ocurrían en el "bajo". El "bajo" les servía de refugio y escondite cuando huían de la justicia; entonces de producían entreveros de proporciones cuando la policía encontraba las guaridas.

Mucho se ha hablado del ambiente difícil que se vivía en el "Bajo". "No obstante, nunca hubo allí crímenes ni robos" -testimonia la señora Serafina López de Quiroga.

Su padre, llamado Sergio López, español, era dueño de una tropa de carros. La familia vivía en la calle La Pampa al 600 -calles Ransey y Maciel (hoy Av.Figueroa Alcorta), Echeverría y Sucre-, allí arrendaban unos terreros de propiedad del Dr. Carlos Descalse, haciendo efectivo el pago en el Bco. Francées y Río de la Plata de la calle Cangallo, como también en su casa de la calle Cuba.

Don Sergio López, dada su ocupación, si el tiempo era bueno, dejaba por las noches los arneses de los caballos sin guardar. Un día desaparecieron dos "yurbijos" (parte del arnées). Quiéen lo había robado lo había hecho a cambio de un litro de vino pero, conciente del mal que había hecho, volvió a pagar por los yurbijos y los devolvió a su dueño. Para estar seguro de que fueran recuperados por don Sergio López, sin ser visto, los colocó en el mismo lugar y aguardó toda la noche entre los abrojos para estar seguro que llegaba a su dueño.

Dos hermanos de don Sergio López -Ángel y Segundo- compraban trapos, vidrios y metales a los cirujas de la quema próxima. Se hacían pilas dentro de los galpones. Entonces, todo lo que era metal se enviaba a Francia para su industrialización.

Los cirujas, por su condición de tal, era gente que vivía al día. Por tal razón don Antonio López, que tenía cuenta en el boliche de Testuri, en la "Papa Grossa" y en "El Burro blanco", les permitían que en su nombre tomaran una caña, el moscato o la grapa, sin pagar. Bastaba sólo que dijeran: "una caña a cargo de don Ángel".. Luego, al cabo de unos días, se presentaba don Ángel a "arreglar la cuenta" y confiaba plenamente en la que le presentaba los almaceneros.

Tal era el creédito que se tenía y tal la honestidad entre sí de los pobladores del bajo.

Don Ángel fue una persona de gran predicamento y muy querida. Y por aquello de que: "Al que Dios no le da hijos, le da ahijado"... a falta de los primeros tuvo 18 ahijados. Al morir lo acompañaron al cementerio numerosas personas que iban en 22 coches. En el último iba don Emilio Caillou, personaje mitológico e importante del Bajo Belgrano. Había llegado en 1862. Vivía en las proximidades, en Maciel y Echeverría. Su casa era de madera, de estilo inglées, posiblemente comprada en Europa y armada en el bajo. Por sus conocimientos en jurisprudencia lo llamaban "doctor". Radical intransigente. En la Revolución de 1890 fue de los que se acantonaron en Cerrito y Lavalle.

Los vecinos del "Bajo Belgrano" lo estimaban y respetaban mucho. La parte más difícil era la del norte, hacia la calle Blanco Encalada, hacia el Vega.

La Sra. López nos cuenta que, junto con su hermana, debían cruzar el "bajo" desde la calle La Pampa al 600 donde vivía con sus padres, hasta el Instituto Santa Ana en la calle Blandengues (Av. Libertador) entre Mendoza y Olazábal, donde iban a aprender costura.

Entonces las calles no tenían iluminación y a la salida de la escuela la oscuridad y la soledad se adueñaba del lugar. No obstante, nunca pasaron sobresalto alguno.

Recuerda a Duarte, agente de policía de la Secc. 33. Tenía su parada en Echeverría y Húsares, vigilaba la zona con riguroso celo. Lo definía su varita. Representaba en el "bajo" la disciplina del orden y la fuerza. Era la garantía pública. Con su uniforme azul era el vigía del barrio en sus largos pantalones, pero de observación constante.

Cuando en horas acostumbradas de la noche, venía a algún muchacho en la esquina le preguntaba. Quée está haciendo acá? Estudia? trabaja?. Puede decirse que de esta forma cuidó a la juventud del "bajo". Lo mismo hacía con los borrachos. En forma persuasiva lo hacía llegar hasta su casa. Con su méetodo nunca se vio en la necesidad de llevarlos a la comisaría. Todos respetaban al agente Duarte.

La Sra. Serafina López hablaba con verdadero entusiasmo sobre aquellos años de su vida y de su familia, junto a sus hermanos permanece viviendo en el Bajo Belgrano, en su casa de la calle La Pampa. ¡Cómo no hacerlo!. Su casa conserva el gran parral, los ciruelos, la higuera....Es suficiente traspasar el fondo y el encontrar la frescura de su sombra, es una invitación a la conversación sin prisa entre vecinos y a estrechar los lazos familiares.

ORIGEN DEL BAJO BELGRANO

Desde los primeros tiempos de la fundación de nuestra ciudad, a toda la zona norte del ejido, es decir, a partir de lo que hoy es la calle Arenales hacia el Norte, se llamó "Pago de los Montes Grandes". Corría a todo lo largo de la costa hasta llegar a superponerse a las primeras manzanas de San Fernando. Por tal razón, también se la denominó "Pago de la Costa de San Isidro".

Es en este lugar donde Juan de Garay repartió entre sus acompañantes de su empresa fundadora de Bs.As. 1580 a solo cuatro meses del repartimiento de los solares urbanos, las 65 "suertes de campo" cuyas medidas variaban, en el frente (oscilando entre las 300 y las 500 varas) pero manteniendo para todas las medidas de una legua de fondo.

A título explícito Garay también repartió, hacia al Sur de la ciudad. 30 "suertes principales" de estancos de ganados, escalonadas con frente al Riachuelo de los Navíos. Se extendían, desde el Puente de Gaytán, sobre la estación "Wilde" del Ferrocarril en el partido de Avellaneda y, por el valle de Santa Ana, en el partido de Magdalena, hasta la cañada de Arregui inmediata a la antigua guardia de la Atalaya, como ya hemos dicho, desde el Riachuelo hacia tierras adentro.

El frente de las "suertes del norte", daban hacia el Este, es decir, hacia la costa del Río de la Plata. Para medir el fondo se comenzaba desde la "lengua de agua".

Pero si bien es cierto esto último era posible hacerlo cercano al casco de la ciudad donde la lengua de agua era de 20 a 30 metros -es decir, estaba muy cerca de la costa alta-, en el caso de las suertes ubicadas sobre las que despuées se fundó el pueblo de Belgrano, donde el bañado ocupaba casi media legua, se adoptó como frente la línea de la barranca.

El bañado era inservible y se desdeñaba.

Ello contribuyó a que el deslinde de los poseedores no pudieran hacerse en forma muy clara.

Pasados los años y siglos. Se fundó el pueblo de Belgrano -1855- se haría sobre las "suertes" N° 22 y 23 asignadas a Francisco Bernal y a Miguel del Corro.

Los límites de esas suertes unidas sería:
La Pampa, Av. de los Constituyentes, las proximidades de la calle Olazábal y un no despreciado sino desdibujado caminos que, con el correr de los años se llamó "del Bajo".

En 1867 el Departamento topográfico publicó el plano de Carlos Galde: se ven los "caminos troncales" de aquella época y el "del litoral" que se tomaba para ir a Santa Fe, de donde viene el nombre de dicha calle. Conducían a San Isidro, San Fernando, y Tigre, al que llamamos también "camino del Alto."

En cuanto al camino llamado "del bajo" partía de lo que sería con el tiempo La Alameda (despueés Paseo de Julio) seguía por el paseo de la Guardia Nacional hasta la bajada de la Recoleta, donde se unía por el procedente de la "calle larga" (hoy Av. Quintana), seguía por la Av. Alvear (hoy Libertador) hasta frente a la Casa de Rosas en Palermo; de ahí tomaba un sendero que empalmaba con el camino de las Cañitas a Belgrano (L. M. Campos) y luego, dando un rodeo para esquivar los pantanos que había en el paraje denominado "Los Alfalfares de Rosas" (actual Bajo Belgrano) torcía hacia NO cortando el "camino del Litoral (actual Cabildo) a la altura de Olazábal; dejaba a la izquierda lo que son hoy Villa Devoto y Villa...... y atravesando el "camino de las tropas" (Av. del Tejar) penetraba en los campos que fueron de doña Florentina, con rumbo a Santos Lugares en cuyo punto dichos caminos empalmaban con el camino real que conducía a la Guardia del Monte. Era el camino estratéegico que unía los cuarteles de Rosas en Santos Lugares con su residencia en Palermo.


ADJUDICACION DE LOS SOLARES DEL PUEBLO DE BELGRANO

Desde 1855 a 1872 fueron otorgándose entres los pobladores del bajo Belgrano, no menos de 400 títulos de propiedad de terrenos. De la misma manera como se había procedido con los del "pueblo alto". La Munic, de Belgrano asignando los del "bajo" entre aquellas personas que así lo solicitaban; pero en este caso como los beneficiarios eran de menores recursos, la mayoría fueron entregados gratuitamente.

Elisa Casella de Calderón
("Buenos Aires nos cuenta II" .Pra Edición Julio 1986)

lunes, 6 de agosto de 2007

FUNDACION MÍTICA DE BUENOS AIRES


(Fervor de Buenos Aires, 1923)

¿Y fue por este río de sueñera y de barro

que las proas vinieron a fundarme la patria?

Irían a los tumbos los barquitos pintados

entre los camalotes de la corriente zaina.


Pensando bien la cosa, supondremos que el río

era azulejo entonces como oriundo del cielo

con su estrellita roja para marcar el sitio

en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.


Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron

por un mar que tenía cinco lunas de anchura

y aún estaba poblado de sirenas y endriagos

y de piedras imanes que enloquecen la brújula.


Prendieron unos ranchos tremulos en la costa,

durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,

pero son embelecos fraguados en la Boca.

Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.


Una manzana entera pero en mitá del campo

expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.

La manzana pareja que persiste en mi barrio:

Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.


Un almacén rosado como reves de naipe

brilló y en la trastienda conversaron un truco;

el almacén rosado floreció en un compadre,

ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.


El primer organito salvaba el horizonte

con su achacoso porte, su habanera y su gringo.

El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,

algún piano mandaba tangos de Saborido.


Una cigarrería sahumó como una rosa

el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,

los hombres compartieron un pasado ilusorio.

Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.


A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:

La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.


JORGE LUIS BORGES
(1899-1986)